viernes, 30 de enero de 2015

Babadook

Sin demasiadas esperanzas y con montones de críticas negativas rondándome la cabeza decidí darle una oportunidad a Babadook, una cinta de terror dirigida, curiosamente, por una mujer y que, para ser sinceros, me ha encantado: la ópera prima de Jennifer Kent resulta tan aterradora como conmovedora, repleta de inteligentes detalles y con un guión de lo más efectivo. Definitivamente, su gran éxito en la gran pantalla es resultado de un gran trabajo de narración y cuentos desplegables que no tiene ningún desperdicio. Una auténtica metáfora que sólo puede ser vista desde esa óptica y que, por supuesto, ayuda a comprender situaciones cotidianas.

La película tiene un duro comienzo: seis años después de la violenta muerte de su marido, Amelia (Essie Davis) no se ha recuperado todavía, pero tiene que educar a Samuel (Noah Wiseman), su hijo de seis años, que vive aterrorizado por un monstruo que se le aparece en sueños y amenaza con matarlos. Cuando un inquietante libro de cuentos llamado "The Babadook" aparece en su casa, Samuel llega al convencimiento de que el Babadook es la criatura con la que ha estado soñando. Entonces, sus alucinaciones se hacen incontrolables y, su conducta, impredecible y violenta. Amelia, cada vez más asustada, se ve forzada a medicarle. Pero, de repente, empieza a sentir a su alrededor una presencia siniestra que la lleva a pensar que los temores de su hijo podrían ser reales... 


Nos hallamos ante algo más que un thriller psicológico: se trata de una verdadera reflexión de nuestro yo interior, de esa parte oculta que todos albergamos, en mayor o menor medida, más o menos afectada por nuestras vivencias, por el amor o por el dolor... En definitiva: esa cara oculta que todos tenemos y que, de un modo u otro, nos vemos obligados a domar gracias a nuestra cultura o nuestras redes. Por tanto, todos tenemos nuestro propio Babadook, escondido detrás de nuestra mejor cara y que, en este caso, la directora ha sabido explicar brillantemente a través de un curioso personaje de cuento... 


Los papeles de madre e hijo están excelentemente representados: Essie Davis y, sobre todo, Noah Wiseman defienden con agudeza sus posiciones de una forma sin igual. Sus gestos, sus miradas, sus expresiones y su forma de moverse nos regalan escenas duras y dramáticas, pero también llenas de luz y esperanza... Llenas de amor al prójimo, aunque suene demasiado bíblico. Si a todo ello le sumamos esa atmósfera brutal, oscurantista y tensa volvemos a reafirmarnos en nuestra posición, en la que repetimos que no es necesario utilizar la sangre para causar miedo. 

Una película llena de luces y sombras que no puede faltar en ese pequeño hueco de vuestro cerebro en el que almacenáis las historias de calidad. ¿La habéis visto ya? ¿Qué opináis?

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