lunes, 3 de octubre de 2011

Atrocious

Apenas una hora y diez minutos de desarrollo dan para adentrarte en una historia sin desperdicio que me decidí a ver casi por compromiso con un montón de pipas delante. Es de esas veces que echas un vistazo al género disponible, lees un título interesante y te decides a verla con la finalidad de aburrirte y, después, criticarla... Pero, esta vez, no ha sido así: Atrocious es una especie de documental (no llega ni a la hora y media) que pretende hacernos creer que nos hallamos ante una historia real. De hecho, ni siquiera lo dudo, porque muchos son los sucesos con estas características que se producen y dan que hablar con el paso de los meses... ¿Por qué no podría ser este uno de ellos?

Con todas las papeletas para ser la Paranormal Activity a la catalana (no a la española, que en Cataluña son independientes), la historia se inicia el 4 de Abril de 2010 una parte de la familia Quintanilla Atauri fue encontrada muerta en su casa de campo. La policía, presuntamente, descubrió la existencia de cintas de vídeo con 37 horas de grabación. Aquel mismo mes de Abril, dos productores vieron la oportunidad de crear una película a partir del material encontrado. Ellos se hicieron cargo de los derechos al convencer al padre de los niños asesinados y acordar que omitirían ciertas partes que podían ensuciar la memoria de su familia.


Atrocious, supuestamente, nos muestra las imágenes reales de todo lo que pasó en aquel mes de Abril con la familia Quintanilla Atauri. Una película perturbadoramente real con un escenario absolutamente conocido en Sitges que es capaz de mantenerte en vilo durante su escasa duración, aunque con una serie de defectillos nada desconsiderables. El primero de ellos, quizás, el rodaje 'cámara en mano' que tanto ha proliferado en los últimos tiempos... Aunque logra mantener la tensión porque son muy pocas las ocasiones en las que los protagonistas graban lo que ven, las veces que lo hacen resultan demasiado envolventes, llegando a pasar unos 20 minutos de la escasa duración de este 'capítulo de serie' corriendo con la cámara bocaabajo, sin mostrar ni dejar ver nada, haciendo creer al telespectador que está perdiendo el tiempo... Mal, muy mal.

Los escenarios resultan apasionantes: ¿a quién no le gustaría tener un laberinto para él sólo? Para conocerlo, para perderse, sentarse en sus banquitos a observar los pinos... Sin duda, espectacular, no podía estar mejor escogido. Y todo ello por no hablar del final... ¡No podía ser mejor! Me encanta cuando todo el tiempo se hace creer que hay algo sobrenatural rodeando las cabezas de pobres niños indefensos cuando, en realidad, ni es sobrenatural ni resulta tan extraño, por lo que el argumento es de lo más creíble.

Eso sí, para ver el final os recomendaría algo 'especial'... Cuando parezca que todo haya acabado y aún queden unos minutillos en la barra de tiempo de vuestro reproductor, dadle al PAUSE... Sí, habéis leído bien. Dadle al PAUSE para, entonces, apagar las luces (si es de noche, mejor) y coger unos cascos... Lo de los cascos más bien es necesario, porque si no, no váis a entender nada de lo que se dice... Y nada... ¡Sed felices!

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