miércoles, 4 de abril de 2012

Secuestrados

Me quito el sombrero ante esta película de terror... Nada de gore ni de ketchup... Nada de vísceras ni muertes más propias de una comedia romántica. No, esta vez estamos hablando de terror, de esa sensación psicológica de pasarlo verdaderamente mal, de sentir cómo el estómago se encoge o se sube a la altura de la garganta mientras nos encontramos en un estado de shock tal que no somos capaces ni de movernos. Secuestrados, una cinta de 2010 muy muy española, hace honores de esa descripción y lo consigue, no escatimando en planos agobiantes que consiguen aumentar la sensación de pánico en el telespectador, logrando introducirlo en el interior de la trama como si de un 'secuestrado' más se tratase. 

Aunque el principio del filme es un tanto desconcertante, la verdadera historia comienza cuando Jaime, Marta y su hija Isa, una familia feliz sin Internet ni agua caliente, acaban de mudarse a una selecta urbanización de las afueras (donde Dios perdió la chancla, más o menos). Mientras se preparan para celebrar la primera noche en su nueva casa, tres encapuchados irrumpirán violentamente en la vivienda con el objetivo de robar, pero sin importarles el horror que siembren a su paso... 

Quizá el 'horror', en esta historia, sea lo de menos... Hacía tiempo que no encontraba una historia tan 'jodidamente' real, y disculpad la expresión. Es capaz de taladrar tus nervios de una forma casi espectacular, dejándote en una agonía eterna, haciendo sentir al telespectador que está verdaderamente 'secuestrado' durante los casi 90 minutos que dura su exposición. Además, es de esas veces que me pregunto qué fue antes, si el huevo o la gallina... ¿No os parece La Última Casa a la Izquierda a la española y sin venganzas? Desde luego, la cinta deja un mal cuerpo y una sensación de impotencia nada comparable a cualquier otra, quizá demasiado exagerada, pero no se ahorra escenas que, en la vida real, le podrían pasar a cualquiera, sobre todo con los topicazos que en ella se reflejan (extranjeros y delincuencia... ¡Válgame Dios!). 


Vamos, que la película hace sufrir y es violenta... ¿Y qué nos gusta? Sufrir como gorrinos en la matanza, aunque nos quedemos con el estómago maltrecho y sin comer un día entero... ¿Y todo por qué? Ya no sólo por sufrir nosotros sino por ver sufrir a los demás... ¡Masocas somos si conseguimos acabarla! La mayoría de los planos nos suben la adrenalina a tope, nos dejan los nervios puntiagudos y nos ofrecen escenas realmente impactantes y con una violencia muy alta que seguramente no esperes... Terror en estado puro, sin aliento y con unas interpretaciones magistrales: Fernando Cayo, Manuela Vellés y Ana Wagener aportan al desarrollo un realismo impresionante, sobre todo ésta última, que interpreta de una manera muy sufrida el papel de la hija... Realmente doloroso, aunque en ocasiones, exagerado. 

No apta para cardíacos ni para sufridores natos... Podría calificarla entre el terror y el drama y no me quedaría corta... Además, con un final tan inesperado como el que presenta, vuestras críticas serán más que buenas en esta atmósfera tan... Simplemente, genial.

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