viernes, 24 de junio de 2011

Amantes

Una película con más de 20 años y cuya temática, sin embargo, es capaz de mantenernos pegados a la pantalla gracias ya no sólo a la calidad interpretativa de los protagonistas (Jorge Sanz, Maribel Verdú y Victoria Abril), sino al realismo con el que Vicente Aranda (su director) nos transporta a 1955, una etapa donde la historia de España es más gris que nunca y, sin embargo, se ilumina gracias a la calidad de su fotografía y decoración. Amantes, de 1990, nos deleita con la historia real de 'El Crimen de La Canal', de final horriblemente trágico y con unas interpretaciones sublimes, capaces de dejarnos con la boca de par en par, disfrutando de su soberbia o su pureza, dependiendo de quien se trate.

La historia, como he dicho, nos traslada hacia el Madride 1955, cuando Paco, un joven que acaba de terminar el servicio militar, decide establecerse en la capital. Tiene planeado casarse con su novia y, gracias a ella, conseguirá alquilar una habitación en casa de una mujer, Luisa, viuda y apasionada, quien se cruzará en su camino y comenzará a ser su amante con todas las reglas. Trini, su novia, lo sabrá, e intentará evitarlo, pero Paco, obsesionado con su amante, se alejará cada vez más de ella y, finalmente, tendrá que elegir entre ambas: entre la pureza y la estabilidad que le proporciona Trini, y el sexo y la pasión que le proporciona su amante Luisa.

Una película para quitarse el sombrero y que ya van dos veces que veo en un lapso corto de tiempo, porque tuve la sensación de no haber conseguido disfrutarla en la primera ocasión. Las actuaciones de Victoria Abril y Maribel Verdú (quien comienza a destacar en este filme) son espectaculares, cada una en su respectivo papel, mientras que Jorge Sanz aparece un tanto adormilonado a lo largo de toda la película (quizá fue ese el resultado que quiso obtenerse). El argumento, sin duda, es bestial, aunque existen algunos pequeños errores si lo comparamos con la historia real, la cual podéis leer si pincháis aquí.


Es 'española'... Fuertemente española, ya no sólo por el momento de la historia nacional que trata de reflejar (la posguerra más dura) sino porque los escenarios están perfectamente escogidos y cuidados para dar un resultado simplemente brillante. Las escenas de sexo, muy propias de la etapa del destape y nada pornográficas (bajo mi punto de vista), resultan necesarias para aderezar esta composición que incluye de todo: tragedia, amor, pasión, sexo, dolor, realidad... La incluiría dentro del género de los thriller, con notas de drama y criminalidad.

Vicente Aranda se quedó tan ancho que, aún 20 años después, soy capaz de seguir disfrutando de españoladas como ésta. Y, esta vez, la palabra 'españolada' no es nada peyorativa. La recomiendo ansiosamente... Eso sí, no es nada fácil conseguirla.

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