jueves, 5 de mayo de 2011

Todas las Canciones hablan de Mí

Esta mañana, mientras preparaba un papeleo, no me apetecía escuchar música... Por lo que he acabado con una película a la que le tenía ganas desde hace unos días, otra de esas cintas de amor que me vuelven loca. Tras 3 Metros Sobre el Cielo, ahora le ha llegado el turno a Todas las Canciones Hablan de Mí, catalana y con una posibilidad bastante importante de pertenecer al género 'Serie B' dada la temática y la forma de desarrollarse. Repleta de actores españoles poco conocidos y con un acento muy característico, la forma en la que se mete en tu cabeza como 'crónica de un desamor' la hace francamente especial, con ese estilo afrancesado en el que destaca la escasez de pasión y de arrebato que, por regla general, debería caracterizar un amor como el que nos quieren demostrar.

Como ya he dicho previamente, la película gira en torno al tema del amor, pero esta vez bajo la premisa de un chico que trata de olvidar a chica, en una historia bastante más difícil de sobrellevar, sobre todo cuando la chica de la que te acabas de separar vuelve una y otra vez en cada uno de los recuerdos de tu vida pasada y tienes la sensación, como dice Jonás, que "todas las canciones de amor hablan de ti." Resulta muy poco convencional el hecho de que sea un chico, y no una chica, el que sufra por amor y el que intente por todos los medios olvidarla, aunque ya pudimos ver algo así en 500 Días Juntos, ¿la recordáis? Todas las Canciones Hablan de Mí intenta un género similar, aunque y como es evidente, no lo consigue.


La encasillaríamos dentro del drama romántico, aunque más vitalidad le dieron a su romance Di Caprio y la Winslet en Titanic, y eso que la cosa, de creíble, tenía nada y menos. Aunque los personajes son memorables (sobre todo el grupo de amigos desafortunados) el guión es un tanto torpe... ¡Podría haber dado lugar a un juego importantísimo! Parece dejar hablar y actuar a sus personajes con total libertad, aspecto que me encanta, porque la hace más realista, más tipo "soy yo el protagonista, ya me veo caminando por esas calles, mojándome en esa fuente o trabajando en esa vieja librería." Además, la idea del narrador es buenísima, sobre todo para destacar ese toquecito irónico que te mantiene pegado a la tele. Eso sí, si no se le echa un poco más de sal, pues raramente resultará creíble. No sé, alguna lagrimita, algún suspiro... Nada. No hay nada que me haga deducir que Ramiro (el conocido Oriol Villa) está enamorado de Andrea (Bárbara Lennie) o que sufre lo más mínimo por ella: me resulta estático y, quizás, un tanto inexpresivo. De hecho, todo apunta a que se ha habituado a fumar tras la ruptura, pero lo hace con la desgana de quien come con asco... Además, ¡un poco más y la película resultaría ilegal por invitar a fumar! Y es que, tal y como están las cosas, fumar no es lo más adecuado. Fijáos que si le hubiese dado por beber, ni siquiera nos habríamos percatado... ¡Ni siquiera lo habríamos mencionado!

Destacaría el último soniloquio del protagonista. Y lo llamo 'soniloquio' porque Andrea parece escucharle más bien poco y, responderle, mucho menos. Resulta una interpretación un tanto cursi, pero considero que es la mejor a lo largo de toda la cinta: refleja una declaración de amor en toda regla y, aunque realmente no le pide de regresar como pareja, todo apunta a que ella se lo ha pensado, dejando el final abierto para que cada cual piense lo que quiera. De hecho, y bajo mi punto de vista, ella desea regresar con él aunque no se lo diga... ¡Cosas del amor! Aunque amor, lo que se dice amor, se visualice más bien poco.

Bueno, vedla... La consecuencia es que le daréis al Stop en más de una ocasión, pero vale la pena sólo por el soniloquio final, un tanto patético para las críticas.

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