jueves, 11 de noviembre de 2010

Buried (Enterrado)

¿Eres de los que te metes tanto en el personaje que no dudas en cerrar los ojos o esconder tu cabeza en el hombro de tu acompañante? Sin duda, esta no es tu película. Sin embargo, si eres de los que disfrutas con el sufrimiento del protagonista y te gusta pasarlo mal de verdad además de sentir devoción por la agorafobia, métete de cabeza en el cine y enciérrate con el protagonista de Buried (el maridito de Scarlett Johansson, Ryan Reynolds) en su odisea para hallar el modo de salir de un ataúd que lo dirige inexorablemente hacia la muerte.

Buried es el segundo largo (después de Concursante) del español Rodrigo Cortés, un tipo que, si nos dicen que es americano o inglés, ya estaríamos diciendo que es el nuevo Hitchcock y barbaridades por el estilo.

Esta es una película para verla en el cine (nada de sucios screeners) ya que, si no hay espectadores descebrados que molesten, puede llegar a ser toda una experiencia vivir con los silencios y la respiración angustiosa del protagonista en su camino a la desesperación.


Una linterna, un mechero y un móvil (como en una aventura gráfica) son los objetos de los que dispone el bueno de Reynolds para inventarse una manera de sobrevivir y, a la misma vez, encontrar una solución a su gran problema. Objetos que son como tres personajes más de la trama (con algún otro invitado inesperado) y que son los únicos recursos a los que agarrarse.

Tiene mérito plantear una película de este tipo y que el ritmo no decaiga en ningún momento y, sobre todo, que la tensión vaya subiendo minuto a minuto. Chapeau para la interpretación de Ryan Reynolds y… ¡A sus pies, mister Cortés!

Ojo: ¡Que no te revienten el final!